Supongo que la historia os suena a muchos. Llegas a los 50 sintiéndote bien y con ganas de cuidarte más que nunca. De hecho, y aunque no te mueves todo lo que deberías, has empezado a andar y has comenzado a tonificar tus brazos. Pero un buen día te haces una analítica rutinaria, y zas: tu médico de cabecera te dices que tienes el colesterol alto. En ese momento, se te vienen a la cabeza uno detrás de otro todos esos anuncios de la tele de productos que afirman que reducen el colesterol, mientras te vas despidiendo imaginariamente de esas copitas de vino que te dan la vida y de esos fritos que animan el fin de semana.
Tener el colesterol alto es algo bastante común en las personas que pasamos de los 40, y sobre todo, de los 50. Y aún lo es más en mujeres que están en plena menopausia, pese a que como regla general, ellas tienen menos colesterol que ellos. Aún así, tal y como me dijo mi médico de cabecera cuando me avisó de que tenía colesterol, no es una sentencia, sino una oportunidad para ajustar hábitos y cuidarnos un poco más. Algo que, dicho sea de paso, no está mal a nuestra edad.